VÍCTIMAS: DEL OLVIDO AL PRESENTE / Victims: forget to present.


Durante décadas las víctimas de delitos han sido olvidadas, despreciadas e incluso apartadas de los cauces sociales. Se ha escondido o tapado a las víctimas, pues no existía aprecio por lo que les había ocurrido. Incluso algunos autores han llegado a decir que la víctima de un delito lo había propiciado al encontrarse en el lugar menos indicado en el momento más inoportuno.

Todos, o al menos una parte de las personas normales, recordamos al criminal que ha cometido un determinado delito, pero olvidamos a la o las personas que el acto delictivo ha dejado en el camino. También hay que indicar que hay víctimas que son más recordadas que otras por la identificación que tenemos con esa víctima, pero hay otras que pasan al olvido, no en cambio el / los criminal / es.

Desde todas las disciplinas se han afanado en identificar los motivos que llevan a un criminal a cometer un determinado acto, pero no así con las víctimas que deja ese acto. La criminología pasó años buscando, mediante las características biológicas, psicológicas, sociales o ambientales, las causas que originaron el delito. El Derecho Penal ha dirigido todos sus esfuerzos a atender, de la forma más diligente posible, al delincuente.

Mientras que el criminal recibe todo tipo de atenciones por el acto que ha cometido (internamiento, tratamiento psicológico...) , la víctima debe proveerse ella misma de los medios necesarios para su curación o adecuación al presente y futuro.

No hablo de víctimas como persona individual, sino todo lo contrario, pues ante un determinado acto todos podemos ser víctimas. Un ejemplo sería en el caso de un delito de violencia de género. Existe una víctima primaria, en este caso el / la fallecido / a, pero alrededor de estas existen víctimas secundarias: hijos, familiares, conocidos, amigos... Todos, cada uno en diferente grado, van a percibir el acto con dolor y van a sentir angustia. El grado de empatía que tengan las víctimas secundarias con la víctima primaria es la que va a marcar el sentimiento de indefensión ante esos actos por parte de las personas más alejadas.

La víctima vivió sus mejores años con anterioridad al siglo XVIII, donde era ella misma la que ejercía por cuenta la justicia, determinando el castigo que se debía imponer al delincuente. La llegada de las “leyes taliónicas” vino a poner cordura a los castigos, intentando frenar la crueldad que suponía el resarcimiento privado.

La llegada de los castigos penales relegó a las víctimas a una segunda esfera y la excluyó de todo el sistema penal.

El Estado monopolizó el castigo que se debía imponer a los delincuentes. El delincuente fue ganando derechos mientras que la víctima quedó apartada y olvidada. Tan sólo era escuchada para certificar que había sido víctima de un determinado acto cometido por una determinada persona, que estaba amparada por la presunción de inocencia, y es la propia víctima la que tienen que demostrar los hechos que han ocurrido.

A partir de los años 40 del pasado siglo las víctimas comienzan a recuperar el espacio que habían perdido. Autores como Von Henting, Mendelsohn, Ellenberger o Wolfgang muestran interés por las víctimas. Nos situamos en los albores de la victimología, disciplina que comenzó a asentarse en la sociedad civilizada allá por la década de 1970. Durante la década de los 70 el "victims movement" dio protagonismo a las víctimas y las expuso a la luz pública para dejasen de ser las olvidadas y pasarán a ser tenidas en cuenta por la sociedad.

El concepto de víctima es un término ambiguo y todo depende del lugar y del espacio para hablar de un concepto o de otro.

Víctima” proviene del latín victima, que designa a la persona o animal sacrificado o que se destina al sacrificio, frente a “victimario o victimizador”, de victimarius, que alude al sirviente de los antiguos sacerdotes gentiles, que encendía el fuego, ataba a las víctimas al ara y las sujetaba en el acto del sacrificio. Indudablemente el concepto de víctima ha evolucionado en función del lugar y la época hasta recogerse en la actualidad en nuestro diccionario como la persona que padece un daño por culpa propia, ajena o por causa fortuita.

Si nos tenemos que quedar con un concepto sobre víctima, vamos a tomar el realizado por Soria, que reza lo siguiente:

Son víctimas las personas que, individual o colectivamente, hayan sido sujetos pasivos de un acto delictivo fruto del cuál hayan sufrido daños, lesiones físicas o mentales, sufrimiento psicológico, pérdida financiera o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales como persona. Todo ello al margen de la identificación, aprehensión, enjuiciamiento o condena del perpetrador, independientemente de la relación (familiar o interpersonal) entre el agresor y la víctima. Asimismo, dentro de la expresión “víctima” se incluye a los familiares o personas a su cargo con relación inmediata, así como a aquellas personas que hayan sufrido daños al intervenir en ayuda de las personas en peligro, o que hayan colaborado a prevenir la victimización”.

Las víctimas son personas que hayan sido sujetos pasivos de un acto delictivo. Víctimas como tales, sólo van a poder ser las personas pues somos los únicos animales con capacidad de razonamiento y comprensión. Pero los daños también puede recaer sobre el patrimonio, la naturaleza u otra clase de bienes.

Una víctima es una víctima. Da igual el parentesco. Cuando una persona sufre un daño ésta debe ser considerada como lo que es: víctima. El sujeto pasivo va a ser la personas sobre la que recaigan las consecuencias del acto delictivo cometido por el sujeto activo. Al margen de la víctimas surgen otra serie de figuras: perjudicados, damnificados...

La expresión “víctima” incluye a los familiares o personas a su cargo con relación inmediata. Víctima son todas las personas cercanas a la persona sobre la que recae el acto, pues pasan a una situación completamente nueva, sobrevenida por un acto intencionado y que podía haber sido evitado. Pasa a una situación de perjuicio o menoscabo.

La violencia de género deja muchas víctimas. La persona sobre la que recae el acto, los hijos, padres, familiares, amigos... todos, de una u otra forma se van a ver perjudicados por la comisión del hecho.

Profesionales de la ayuda. Las personas que hayan colaborado en el la valoración o cura de las personas víctimas de un delito también hemos de tenerlas en cuenta. De una u otra manera, la comisión de un delito por parte de una persona va a ser entendida como un fracaso según la esfera en que pongamos nuestros ojos.

El psicólogo que está tratando a un delincuente va a sentir frustración cuando éste cometa un delito; el policía que no haya sido capaz de evitar un delito va a sentir frustración... Un sentimiento que va a hacer a las persona más precavida, pero que la va a situar en un espacio de víctima.

Durante décadas las víctimas estuvieron desatendidas, pero, gracias al esfuerzo de las personas, las víctimas han retomado la posición que deben tener. Se han situado como las grandes damnificadas. Esta es su verdadera posición pues sufren una pérdida, dolor, enfermedad... que les impide seguir desarrollando su vida tal y como había sido hasta el momento de suceder el acto.

No debemos olvidar que las víctimas no son sólo las personas sobres las que recae el acto o hecho que ocasiona el menoscabo o la pérdida. Víctimas somos todos, cada uno en diferente grado e implicación.

Bibliografía


García - Pablos de Molina, Antonio. 2011. Criminología I. 2011.

Laguna Hermida, Susana. 2012. Manual de victimología. Salamanca : Solo Soluciones, 2012.

Raldúa Martín, Eduardo Vicente. 2011. Criminología II. Salamanca : Solo Soluciones, 2011.


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